AVISO: si no has visto Up in the Air, quieres verla y no quieres que te la destripe, no sigas leyendo.
Ayer estuve viendo la peli de “Up in the Air”. Me habían hablado muy bien de ella. Todo el mundo me decía que era divertidísima. Siento deciros que a mí no me hizo ninguna gracia. Regada de chistecillos propios de quinceañeros rezumando de hormonas, pocas sonrisas me provocó, y ninguna carcajada.
Pero el final sí que me hizo pensar; y bastante. Me hizo darme cuenta de que hay determinados errores que tienen un punto de no retorno, una edad a partir de la cual ya no tienen remedio.
Y me explico: George Clooney se da cuenta de que no quiere una vida solitaria y desligada; social e independiente; sexual y sin amor. Un momento en el que se da cuenta de que no se puede mantener este equilibrio de funambulista, y que tiene que decidir. Y opta entregarse, amar y compartir. Demasiado tarde. La mujer de la que se enamora ya tiene pareja de hijos. Para George, la corrección del error llega demasiado tarde.
En cambio, la jovenzuela, está a tiempo de corregir su error. Apuesta muy seriamente por una vocación laboral. Se lo cree. Mejora su empresa. Idea e implanta nuevos sistemas: sistemas de despido en masa, de EREs automatizados. Pero se da cuenta de que ése no es el camino. Que no quiere hacer daño; y que no está aquí para hacer la vida difícil a la gente ni para dedicar su existencia a dar malas noticias. Ella sí está a tiempo, consigue reconducir su carrera (curiosamente, con la ayuda del “tutor en el error”, George Clooney, que ya no puede dar marcha atrás).
No quiero poneros nerviosos, simplemente quiero haceros reflexionar sobre aquellos potenciales errores, de los cuales podáis arrepentiros en un futuro… que nunca se os haga demasiado tarde.
P.D. También me hizo pensar el momento en el que la jovenzuela pregunta a la mayor si no ha probado con las mujeres. Y no me sorprendió, porque ya he conocido a varias mujeres sensibles y apasionadas que han tenido relaciones con otras mujeres. He de reconocer que son mujeres interesantes, exploradoras y entiendo perfectamente que el “macho medio” no acabe de satisfacerlas.