martes, 9 de marzo de 2010

Los errores y la edad

AVISO: si no has visto Up in the Air, quieres verla y no quieres que te la destripe, no sigas leyendo.

Ayer estuve viendo la peli de “Up in the Air”. Me habían hablado muy bien de ella. Todo el mundo me decía que era divertidísima. Siento deciros que a mí no me hizo ninguna gracia. Regada de chistecillos propios de quinceañeros rezumando de hormonas, pocas sonrisas me provocó, y ninguna carcajada.

Pero el final sí que me hizo pensar; y bastante. Me hizo darme cuenta de que hay determinados errores que tienen un punto de no retorno, una edad a partir de la cual ya no tienen remedio.

Y me explico: George Clooney se da cuenta de que no quiere una vida solitaria y desligada; social e independiente; sexual y sin amor. Un momento en el que se da cuenta de que no se puede mantener este equilibrio de funambulista, y que tiene que decidir. Y opta entregarse, amar y compartir. Demasiado tarde. La mujer de la que se enamora ya tiene pareja de hijos. Para George, la corrección del error llega demasiado tarde.

En cambio, la jovenzuela, está a tiempo de corregir su error. Apuesta muy seriamente por una vocación laboral. Se lo cree. Mejora su empresa. Idea e implanta nuevos sistemas: sistemas de despido en masa, de EREs automatizados. Pero se da cuenta de que ése no es el camino. Que no quiere hacer daño; y que no está aquí para hacer la vida difícil a la gente ni para dedicar su existencia a dar malas noticias. Ella sí está a tiempo, consigue reconducir su carrera (curiosamente, con la ayuda del “tutor en el error”, George Clooney, que ya no puede dar marcha atrás).

No quiero poneros nerviosos, simplemente quiero haceros reflexionar sobre aquellos potenciales errores, de los cuales podáis arrepentiros en un futuro… que nunca se os haga demasiado tarde.

P.D. También me hizo pensar el momento en el que la jovenzuela pregunta a la mayor si no ha probado con las mujeres. Y no me sorprendió, porque ya he conocido a varias mujeres sensibles y apasionadas que han tenido relaciones con otras mujeres. He de reconocer que son mujeres interesantes, exploradoras y entiendo perfectamente que el “macho medio” no acabe de satisfacerlas.

lunes, 8 de marzo de 2010

En el día de la mujer trabajadora

He tenido la oportunidad de ver este vídeo. Un vídeo que me ha hecho pensar: realmente, las mujeres no sólo pueden igualar, sino superar claramente, a los hombres en su trabajo.

Y si no, que se lo digan a la jugadora número 15 de la camiseta roja de este partido. Qué pasión y qué empeño le pone a superar a mi amadísimo Arteche, el central carnicero del Atlético de Madrid.

Mujer trabajadora

Y ahí van unas frases que me ha pasado una amiga en un mail relacionado con la celebración del día. Algunas no tienen ninguna relación con el tema, pero a mí me gustan :p.

  • La frase "madre trabajadora" es redundante. Jane Sellman
  • Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu permiso. Eleanor Roosevelt
  • Dentro de cada persona vieja hay una persona joven.... que se pregunta qué coño ha pasado...  Cora Harvey Armstrong
  • Dentro de mí vive una mujer delgada que grita para salir. Pero generalmente la puedo acallar con galletas. Anónima, pero podría ser mi alter-ego femenino
  • Los 35 es esa edad en la que finalmente consigues tener la cabeza en su lugar, mientras que el resto del cuerpo empieza a caer. Caryn Leschen
  • Si no puedes ser un buen ejemplo.... deberás ser una espantosa advertencia. Catherine

Estadística y verdad

Llevo toda mi (breve pero intensa) carrera profesional manejando datos. Números arriba; estadísticas abajo; excel de gastos; simulaciones de ingresos; descuentos de flujos de caja; penetraciones de servicios; cuotas de mercado.

Y lo que más valoraban los clientes de mi trabajo era la capacidad de analizar estos datos para extraer conclusiones más allá de lo evidente. De convertir una serie de datos fría y tontorrona en una conclusión con implicaciones reales para la operativa de un negocio; en definitiva, de responder a temida pregunta del cliente de "¿pa’ qué coño me sirven estos datos?”

Al principio, iluso y jovenzuelo, creía en la objetividad unívoca de los datos. Más adelante, descubrí que correlación no es lo mismo que causalidad. Un pasito más adelante, y comprendí que algunos datos podían tener doble interpretación… hasta que capté la dura realidad: que, si sabes manejar la coctelera, los datos pueden decir lo que tú quieras. Por eso me ha hecho mucha gracia la frase que he encontrado en Microsiervos:

“Si torturas los datos lo bastante, éstos confesarán cualquier cosa”.

Eso sí, reconozco que sigo viendo una única interpretación válida en mis análisis: la que, tras marear mucho la mezcla, me parece más sólida y convincente. Pero eso no impide que, a veces, haya tenido que mostrar otras interpretaciones de los datos. Interpretaciones lógicamente válidas, quizás… pero que yo no me creía, aunque sí conseguía que las creyese el cliente.

Moraleja: no hagáis caso a las conclusiones que otros os proporcionen. Observad la realidad, analizadla de primera mano y extraed vuestras propias interpretaciones, lo que para vosotros se aproxime más a “la verdad”… en general. En todo. En la vida. Sin miedo.

jueves, 4 de marzo de 2010

Érase un Rey, una ley y unos obispos

De todos es conocida la oposición radical de la Iglesia católica al aborto, en cualquiera de sus modalidades: cualquiera que permita o colabore, por acción o por omisión, a que se realice un aborto, queda excomulgado… vamos, lo que han aplicado a los diputados que han votado la ley de reforma del aborto.

Sin embargo, el rey de España, oh, su majestad borbónica, no va a tener culpa por sancionar esta ley. Me río por no llorar. Hablando de gobernantes que sancionaron leyes injustas, tampoco Poncio Pilatos se implicó en la sentencia de Jesús: se lavó las manos; pero, por lo menos, hasta ofreció un “Plan B”: liberar a Barrabás o a Jesús. En cambio, en este caso, ni Plan B, ni muestra pública de desacuerdo: el tipo firma tan pichi… no obstante, queda libre de toda culpa, como declaró públicamente el otro día el portavoz de la Conferencia Episcopal (y no es una improvisación, porque los obispos tenían que haber meditado y discutido esto con antelación). Manda narices.

Y es que, a mi juicio, toda autoridad moral que aspire a ser respetada como tal, ha de cumplir (entre otros) con tres principios básicos:

  • Libertad de conciencia: no se puede juzgar a las personas, sólo los actos. Un acto puede ser objetivamente malo, pero si se actúa en conciencia, en realidad la persona está siendo buena. En este caso, el rey tiene la conciencia bien formadita. Así que, por este punto, no debe ser eximido de culpa, y mucho menos en público.
  • Proporcionalidad: pequeños matices en el hecho y la actitud deben implicar pequeños matices en la calificación moral de un acto. Está claro que la diferencia entre la firma del rey y la de los diputados es mínima, y por tanto, la diferencia de “maldad” entre ambos debe ser mínima (en todo caso, la firma del rey tiene aun mayor relevancia que la de un diputado, que queda “disuelto” entre todos los votos de la Cámara).
  • Independencia de la persona: me da lo mismo que sea el rey, la Leti o el barrendero de la Gran Vía. Todos deben ser medidos por el mismo rasero… más aún, las personas de mayor responsabilidad y formación deben ser juzgadas con mayor severidad, y no al revés.

Total, que conferencia episcopal es un reflejo de la Iglesia casposa de nuestro país. Cobarde, reaccionaria, partidista e incoherente. Ojo, que no hablo de la Iglesia con mayúsculas ni de su cuerpo doctrinal, con el que estoy de acuerdo. Sólo me enfoco en el grupúsculo de obispillos que nos han tocado en suerte en nuestro país.