lunes, 8 de noviembre de 2010

3 minutos de relación, ruptura y reflexión

Hoy no me voy a andar con monsergas existenciales ni con batallitas de la historia. Simplemente, os voy a recomendar un vídeo que me ha encantado. Un pildorazo de 4 minutos que encierra la historia de todas las fases de una relación: la alegría, del dolor, de la reflexión, del duelo y la final aceptación. Y no soy el único que piensa que el vídeo merece la pena. De hecho, ha ganado el premio a la mejor estructura narrativa de los "Vimeo awards" (vimeo viene a ser como el "Youtube de calidad").

Simple pero potente, como las pelis que a mí me gustan. Un monólogo torturado, plasmado en un stop-motion (creo que se llama así a la técnica de convertir fotos en fotogramas). Y qué frase más expresiva, que refleja el simple pero incontestable trasfondo de tantas rupturas: "We just didn't click the right way" (3:29). Y es que tantas veces buscamos a la persona "perfecta", en base a una lista de atributos predefinidos que ha que cumplir... Cuando lo que en realidad tenemos que buscar es alguien a quien, incomprensiblemente, amemos y admiremos (sí, sí, digo bien: incomprensiblemente). Alguien de quien podamos decir "qué afortunado soy: tengo la oportunidad de intentar hacer más feliz a esta persona tan alucinante".

¿Y tú? ¿Buscas amar, o que te amen? ¿Admirar, o que te admiren? ¿Buscas la felicidad por la vía obvia (buscando gente que te ame)? ¿O por la vía acertada (buscando a gente a quien amar)?

No dejéis de verlo, son 4 minutillos de ná.
















La reflexión anterior va dedicada a varias amigas (ellas saben quienes son). Amigas que son mujeres fuertes, inteligentes, bondadosas, interesantes y, por lo general, bastante atractivas. ... pero que han cometido el error de tener carácter; de no querer estar con un hombre que esté por encima de ellas; de aspirar a una relación de igual a igual. Una relación que, por desgracia, pocos hombres están dispuestos a aceptar (especialmente el "macizo de la raza" español, gremio al que a veces me "avergüenzo" de pertenecer).

Ahora que lo pienso... empecé el post diciendo que no me iba a enrollar y al final os he soltado un rollo de impresión. Ains, si es que no me puedo contener ;). Os deseo un buen lunes.

P.D. Si os ha sabido a poco, u os he dejado un poco melancólicos, ahí el contrapunto: una ruptura convertida en caricatura. Tiene su punto. Es el primer "minicapítulo" de este vídeo, que contiene 3 en total.


lunes, 1 de noviembre de 2010

¡Y el tío sigue vivo!

** Aviso a navegantes: este post es polémico. Puede escocer a algunas conciencias pseudoprogresistas carentes de base histórica. Aquél que  atraviese esta línea, que lo haga por su cuenta y riesgo (qué exagerado me ha quedado, pero impone, ¿eh?) ** Y segundo aviso: este post es largo, quizás demasiado, pero es que trata un tema que me llega bastante hondo.

Leo en Monocle una anécdota moscovita que me ha dejado totalmente descolocao. El chascarrillo es el siguiente. Lugar: el Kremlin;  fecha: verano-otoño de 2010 (vamos, que no he encontrado la fecha exacta); actores: Medvedev y Zelenin –gobernador de la región de Tver-; escena: Zelenin encuentra un bicho en la ensalada que le sirven, le saca una foto con su teléfono (podéis verla más abajo) y la tuitea (es decir, la publica al mundo, a través de Internet), con el siguiente comentario: “ensalada con gusano vivo - una forma muy especial de mostrar que la ensalada es realmente fresca”.

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E inmediatamente he pensado ¡¿Pero este tío sigue vivo?! Os parecerá una tontería, pero cuando yo vine al mundo, hace 35 años, decir esto a tus amigos cercanos, en la URSS, supondría privación inmediata de libertad. Y me he acordado de lo salvajes que fueron los dirigentes políticos de este infierno. Por ejemplo, me ha venido a la memoria:

  • La Lubianka, la sede de la KGB, la checa moscovita, algo así como un “Spa del sufrimiento de cuerpos y almas”, especializada en derretir cerebros y aniquilar conciencias con sus sádicos, brutales y refinados métodos de tortura. Leed “Archipiélago Gulag”, escrito por un tío que vivió esta barbarie, si queréis ver de qué hablo. Pero aviso: puede resultar demasiado desagradable.
  • Kolimá y Vorkutá, los iconos del entramado de campos de concentración y exterminio de la URSS. Si Auschwitz os hiela la sangre, mejor no os cuento lo que pasó allí.
  • Que los judíos que huyeron de Alemania hacia el Este, al acabar la II Guerra Mundial, se encontraron con que Stalin se encargó de continuar con la política de exterminio de la raza judía que inició Hitler.
  • Que la II Guerra Mundial la ganamos “los buenos” gracias a que Stalin fue un auténtico salvaje con su pueblo: 30 millones de soviéticos (sí, sí, un tres y un cero detrás) murieron durante la contienda. ¿Razones? Pues ahí van un par de ejemplos de brutalidad: (1) La política de ni un paso atrás en Stalingrado (los oficiales tenían que disparar a sus soldados si daban la vuelta, y de veras que lo hacían). (2) O la orden dada en la batalla del Kursk (el mayor enfrentamiento de tanques de la historia) de “dirigirse en carrera desenfrenada hacia los tanques alemanes, hasta empotrarse con ellos si fuese necesario”; y de veras que lo hicieron: amasijos de tanques ardían fundidos en el campo de batalla. Preferían morir así que enfrentarse a un consejo de guerra (al que, por supuesto, no iban a llegar). (un día hablaré de esta batalla, la gran desconocida que tuvo tantísima relevancia en la II Guerra Mundial)

Y después de esta avalancha de recuerdos, me ha venido (como siempre me pasa) la consiguiente avalancha de reflexiones:

  • Mi más sincero agradecimiento a los soldados rusos que murieron. Mi más nauseabunda repulsa por cualquier dirigente soviético.
  • Mi duda razonable de si no hubiese sido mejor, para el conjunto del mundo, que Hitler hubiese ganado la II Guerra Mundial, en lugar de Stalin. Ojo: hablo del conjunto del mundo, no de España, Francia o Inglaterra. Y es que la victoria de los soviéticos les hizo amos y señores de las todas sus repúblicas, de los países satélite del Pacto de Varsovia; les permitió invertir cantidades ingentes de dinero en estimular el comunismo en Africa; inyectar armamentos e instigar guerras; desperdigar a millones de personas por toda la URSS para evitar potenciales concentraciones de disidentes de potenciales disidentes (que se lo digan a los ucranianos). Tengamos en cuenta que con Stalin, el pueblo soviético vivió mal, muy mal, todos y cada uno de los momentos de su mandato. En cambio, con Hitler, “sólo” sufrieron durante los años finales de su dictadura; y sólo una parte de la población; y en gran parte debido a las barbaridades económicas que les impusieron los aliados en Versalles (ojo, que no lo justifico, pero siendo los dos tremendas aberraciones, no puedo evitar que una me parezca menos mala que otra).
  • En línea con la reflexión anterior, mi puntito de “remordimiento de conciencia colectiva” al pensar que, para vivir un poco mejor en Europa Occidental, ha habido tantos millones de víctimas (físicas y mentales) a cargo de los regímenes comunistas, por todo el mundo.
  • Mi sorpresa y desconcierto de que todos estos datos permanezcan en el olvido; incluso en EEUU, el enemigo acérrimo de la URSS. ¿Qué extrañas fuerzas operan en la sombra, que pretenden y consiguen que la gente no sepa la verdad sobre los regímenes comunistas? No lo sé, pero tiene que haber algo, porque si no, me resulta totalmente incomprensible. No, no me entra en la cabeza que Guántanamo (que es deplorable) sea el epítome del mal, cuando es una zapatilla rusa al lado de cualquier cárcel regional soviética.
  • Que critiquemos el corredor de la muerte estadounidense (igualmente deplorable), mientras existe la opinión generalizada de que China es un dulce suflé cuyo PIB crece rápida e indefinidamente. Cuando en realidad es un régimen dictatorial brutal, con la mayor tasa de suicidio del mundo.
  • Mi estupefacción por le hecho de que en la cultura europea haya triunfado el neomarxismo de Marcuse, y que sea denigrante el reconocer a EEUU el papel que ha tenido en el siglo XX (con sus luces y sus sombras, casi como un cuadro de Caravaggio, pero con más luz que oscuridad).
  • Mi cabreo con el pueblo francés, por tener ojeriza a los americanos, quienes les salvaron de desaparecer de la faz de la tierra, como país, en dos ocasiones a lo largo de este siglo.

Como cierre, creo que el régimen económico y político de occidente debe mejorar, y mucho, para desarrollar sociedades en las que los ciudadanos vivan libres, felices y pudiendo desarrollar todo su potencial, en la que podamos sacar fotos a ensaladas con gusanos siempre que nos apetezca… Y considero que la conjunción de los modelos americano y europeo han de constituir la estructura principal sobre la que ponerse manos a la obra (eso sí, tirando muchos tabiques, levantando nuevas habitaciones y abriendo más ventanas).

Espero haberos transmitido mi convicción: que la historia del siglo XX no es tan plana, tan evidente y tan tontorrona como pretenden que creamos. Que no vale el maniqueísmo y que es sano desconcertarse al valorar el cronograma de la historia reciente.

lunes, 18 de octubre de 2010

El debate más importante de la historia

Ocurrió hace 50 años, hacía tiempo que me apetecía verlo y resulta que lo podía ver cuando quisiese. El otro día lo vi en el blog oficial de Youtube, así de fácil.

Este oscuro (y rarito) objeto de deseo no es otro que el primer debate político televisado de la historia: 26 de septiembre de 1960, Kennedy contra Nixon, luchando por ser el presidente que sucedería a Eisenhower.

Me interesaba, en primer lugar, por el vuelco inesperado que supuso en el resultado de las elecciones (al verlo me lo he explicado). Antes del debate, Nixon lideraba todas las encuestas: iba a ganar de calle. Pero llega al debate y se muestra como una máquina de soltar datos sin hilo argumental (incontestables, sí, pero incoherentes). Un robot que no despierta ninguna emoción en la audiencia y que, además, parece inseguro. Kennedy, por su lado, tiene sólo dos ideas, pero muy claritas: un discurso muy emocional, centrado en el “I am not satisfied” (una letanía casi digna de Luther King), en retar a un combate de ideologías más que de candidatos y en mostrar el riesgo del poder comunista. Y transmite una seguridad y una tranquilidad pasmosas. Merece la pena ver, al menos, los discursos iniciales de cada uno de los candidatos.

Después de este debate, Nixon había sido derrotado.

Pero este debate me interesaba, sobre todo, porque supuso una jugada maestra del destino antes del momento más delicado de la historia de la humanidad. El 15 de octubre de 1962 estallaba la crisis de los misiles de Cuba: los soviéticos habían instalado un aresenal nuclear bestial en Cuba, a tan sólo unos kilómetros de EEUU. De las grandes ciudades estadounidenses, sólo Seattle estaba fuera del alcance de los misiles. EEUU dio un ultimatum, comenzó la cuarentena de la isla y sintió la amenaza en casa como nunca antes.

Puede parecer una crisis más, ¿no? Pues bien, no lo fue. Sobre todo por cómo estaban los ánimos de calentitos. Dos ejemplos: (1) comportamiento de Kruschev en la ONU: discutiendo sobre la descolonización africana, se quitó el zapato y, golpeando con él la mesa, gritó a los representantes occidentales: ¡Os arrasaremos! (glups, ahí queda eso). (2) El reciente  y durísimo desafío por parte de occidente con el establecimiento del puente aéreo a Berlín Occidental… la situación del mundo daba mucho, pero que mucho miedito.

Pensémoslo bien: un potencial nuclear capaz de destruir varias veces a la humanidad, en manos de tan sólo dos personas (una de las cuales parecía tener propensión a la inestabilidad). En una situación en la que sólo tenía sentido llevar la iniciativa: golpear segundo era un “premio de consolación”, porque significaba que en pocos minutos ibas a ser aniquilado. Golpeando primero, quizás podías machacar a la otra potencia antes de que pudiesen soltar todo su arsenal. ¡Y todo esto sin ninguna comunicación entre los dos líderes, basándose únicamente en intuiciones! (la línea roja se estableció a raíz de esta crisis). La cosa llegó a tal extremo que el veintitantos de octubre, Kennedy comunicó a los medios la inminencia del estallido de la tercera guerra mundial. La cosa fue muy, muy, muy en serio. Para más tensión, los rusos destruyeron un avión espía estadounidense que sobrevolaba Siberia. Al final, por suerte, reinó la cordura… y aquí estamos todos.

Si Nixon hubiese estado en el gobierno, con Kissinger a su vera y su propensión patológica a la aniquilación, ¿qué hubiese pasado en esta crisis? Quién sabe, quizás no estaríamos aquí. Así que mi más sincero agradecimiento a este debate, al moderador, a los periodistas y, ¡qué narices! ¡A la madre que los parió! Por producir ese vuelco en las elecciones. Por permitir que siga habiendo historia.

viernes, 15 de octubre de 2010

Retrospectiva fastidiosa

Venía yo todo contento a escribir un post sobre la crisis de los misiles de Cuba (comenzó un 15 de agosto, y yo soy muy de efemérides); venía yo todo contento, digo, y de repente me encuentro con que llevo casi dos meses sin escribir en el blog.

Y me he puesto a pensar: “A ver, Pablito -sí, sí, yo también me llamo Pablito de vez en cuando-: ¿qué narices has hecho estos dos meses?” Y así, puesto a hacer balance, me he dado cuenta de que he hecho muchas cosas, he tachado muchas tareas, pero no he existido. Que he tirado el tiempo, vamos. He sido “Pablito el ejecutor”, y no “Pablote el existente”. Suena a chorrada, pero cada  vez estoy más convencido de que dedicarse la vida a hacer cosas, más que a sentir la vida, es como leer poesía haciendo análisis sintáctico. Un enfoque radicalmente equivocado, vamos.

Y con esto han venido varias reflexiones en avalancha:

  • He pensado en que los tipos a los que más envidio, los místicos, sólo existían (suena a rarito, pero si me pudiese cambiar por alguien, tengo claro que sería por un místico de los de aúpa). Es más, que la presentación de Dios en el Sinaí fue simplona pero potente: “Yo soy el que soy”. Bien podría haber sido “Yahvé, constructor de universos” o “El mejor referente mundial en materia de virtudes”. Pero resulta que no, que su tarjeta de visita no habla de ninguna actividad, sino todo lo contrario.
  • He oído una canción de Deluxe, “Historia Universal”, una crónica muy potente de una pérdida de tiempo. Si tenéis, Spotify, escuchadla. Y he sido consciente de cuánto tiempo perdemos por miedo a tomar decisiones, sin darnos cuenta de que optar por la “no decisión”, por seguir con el status quo es, en sí mismo,  una decisión (en muchos casos la decisión equivocada, para más señas).
  • He leído un fragmento de un cuento oriental, ambientado en un cementerio en el que las lápidas sólo recogían el tiempo en el que la gente había vivido de verdad, en el que habían destilado la existencia. Sorprendentemente, las vidas eran muy cortas.
  • Me he acordado de mis conversaciones con algunos amigos, sobre la existencia y los niveles superiores de conciencia (qué suerte la mía, al tener estos amigos). Y de la división aristotélica entre las actividades que son medios para algo y las que son fines en sí mismas (estas últimas, las que proporcionan la auténtica felicidad).

Así que empiezo el curso con una pregunta sencilla pero con miga:

a lo largo de la última semana, del último mes, ¿cuántos momentos te habría gustado congelar, convertirlos en un presente eterno?

Piénsalo sin miedo. En mi caso, son pocos, así que voy a pensar en ello. Os dejo, que me pongo en “modo reflexión” ;).

La crisis de los misiles de Cuba, para otro día. Pero no lo dejaré pasar, porque estuvimos tan cerca de la aniquilación total que hay que asegurar que no se vuelve a repetir.