jueves, 6 de mayo de 2010

Hermanos y hermanastros

Sí, en mi casa somos nueve hermanos. Sí, soy el pequeño. No, no soy el mimado. Sí, soy el más guapo.

Peeero resulta que los nueve somos de dos "camadas" (como me gusta decir a mí, aunque suene un poco ganadero): los 4 primeros y los 5 últimos compartimos padre pero no madre.

Pues bien, estoy hasta el moño de oír a la gente decir "o sea que entonces tienes 4 hermanastros". Me sienta mal oír esto, entre otras razones porque la palabra no ya es que sugiera que con ellos tengo una relación menos intensa, sino que además me suena bastante despectivo (quizás condicionado por las hermanastras malas malísimas del la Cenicienta).

Mis padres siempre me habían dicho que pasase de esos comentarios, que claro que éramos hermanos. Que no hiciese caso de las tonterías. Pero me sonaba un poco a consuelo piadoso para con el benjamín de la familia.

Pero hoy, por fin, la enseñanza de mis padres se ha visto confirmada por alguien imparcial. Porque hoy, en "Hablando en Plata" (de RNE, os recomiendo que os suscribáis a su podcast de iTunes) han explicado, matizado y diferenciado el significado de estas palabras. Y resulta que la regla está bien clara: para calificar a alguien de hermano no hace falta compartir los dos progenitores, sino que es bastante con compartir uno. Así pues, hermanastros son los que no tienen nada de sangre en común.

Así que ¡yuju! Oficialmente, desde el día de hoy, la RAE me confirma que soy hermano de mis hermanos. Venid a mí, hermanotes, dadme un abrazo :p. Que conste que, chorradas semánticas aparte, todos nos hemos considerado siempre muy hermanos, sin más diferencias que mi sobresalientes belleza e inteligencia.

Ah, y en materia de follones familiares, os anticipo que estoy leyendo la Biblia... y resulta que Abrahán era hermano de Sara, su mujer (no recuerdo bien si hermano de madre, o hermano de padre, pero era hermano). Preparaos para ir leyendo batallitas de la Biblia, que son la mar de divertidas.

Ale, que tengan ustedes un buen viernes.


lunes, 3 de mayo de 2010

Me enerva enervar… ¿o es al revés?

¿Puede una palabra significar a la vez una cosa y su opuesta? ¿Puede una palabra ser su antónimo? Eso sería como afirmar que el 1 es, a la vez, el –1. En términos matemáticos, esto parecería una tomadura de pelo.

Pues en términos lingüísticos parece que todo vale. Al menos, en lo que se refiere a una palabra que me toca las narices: “enervar”.

Por lo general, la gente piensa que esta palabra significa “poner nervioso”. Pues resulta que el significado originario es justo el contrario: “quitar las fuerzas, debilitar”… o sea, justo lo opuesto a lo que piensa el común de los mortales.

Hasta aquí todo bien: la gente usa mal una palabra que significa lo opuesto. Vale, otra patada más al diccionario. Peeeeero, llega la RAE y pasa por el aro: enervar también significa “poner nervioso” (aunque en su tercera y última acepción, lo que implica que es la menos adecuada).

Lo dicho: enervar, un significado y su opuesto. Y en el medio estoy yo, desconcertado por esta paradoja.

Y esto viene al caso porque en estas fechas viene la maldita astenia primaveral, que me deja con el nivel metabólico de un oso en hibernación. Y me enerva (pone nervioso) este enervamiento (situación de quedarme sin fuerzas).

domingo, 2 de mayo de 2010

Viajes en solitario

Ayer hablaba con una amiga de la sensación de libertad que proporciona viajar solo. Bastantes de vosotros ya sabréis que me he hecho algún que otro viaje solo: mochileo por Sudamérica, un tramo del Camino de Santiago, alguna que otra escapada de 5-6 días...
Alguno de vosotros ya debéis estar hartos de que os cuente las maravillas y aventuritas de estos viajes, de lo bien que sientan y la "revolución interior" que han supuesto para mí.
Así que me he puesto a reflexionar por qué me han resultado tan especiales estas escapadas, y he llegado a las siguientes razones:
  • Por la independencia: no dependes de nadie a la hora de decidir qué hacer, dónde ir, o a qué hora levantarte. Simplemente, eres el amo y señor de tus decisiones. Pero no es una independencia egoísta, sino que muchas veces la empleas en "unirte" a alguien algún tramo del viaje. Y si no, que se lo digan a los que han hecho el Camino con un "compañero de Camino", la unión tan especial que se fragua con esa persona.
  • Por la aventura: en una vida bastante estrecha, relativamente monótona, con poco "margen de locura" y menos oportunidades de improvisación... viene bien encontrarse con que tu vida es un lienzo en blanco que debes rellenar a base temas desconocidos, en sitios insospechados y con acompañantes inesperados.
  • Por volver a la esencia: en estos viajes te encuentras con mucha gente que está buscando, que se está planteando cosas importantes en su vida. Descubres que no eres un "rarito" por hacerte preguntas seria... y además descubres que la gente, en el fondo, está ansiosa por se útil (en el sentido más profundo de la palabra: por poder ayudar a los demás). Y es que, por lo general, en el ambiente mochilero de los albergues hay un espíritu de hermandad que, por desgracia, sorprende cuando lo encuentras.
  • Por tomar distancia: ves los problemas desde lejos, desde fuera del bosque, y te das cuenta de que, los problemas que nos parecen inmensos e irresolubles en la vida cotidiana no son ni lo uno ni lo otro
  • Por desarrollar tu "lado luminoso", cual caballero Jedi. Muchas veces te pones a prueba, te enfrentas a situaciones que no te crees capaz de resolver y ves que sí, que puedes con ellas (no te quedan más narices, claro). Poco a poco, te entra una sensación de fuerza, de autoconfianza, que es alucinante.
En definitiva, por demasiadas cosas imposibles de explicar sin haberlas vivido. Espero, al menos, haberos animado a probar un poquito la experiencia, aunque sólo sean 4 días, y despertaros el gusanillo de este tipo de "reencuentros".
Ahí va una postal que he visto hoy en PostSecret con la que me he sentido totalmente identificado.

viernes, 23 de abril de 2010

12 de abril... San Yuri

El otro día os hablaba del día de Pi. Pues bien, hoy os voy a hablar de otro día curioso: el 12 de abril se celebra "San Yuri" (lo de "san" me lo he inventado yo, vamos). A saber: el 12 de abril de 1961 fue el día que el primer ser humano salía al espacio, a bordo de la Vostok 1. El tío dio una vuelta a la tierra y aterrizó en paracaídas al salir de al cápsula.

El 12 de abril de 1981, justo treinta años después, se inauguraba la época de los transbordadores espaciales a bordo del Columbia (cachis los yanquis, no les mantienen ni una efeméride a los pobres soviéticos).

Qué fácil resulta ahora ver la hecatombre soviética. Qué evidente resulta, ¿verdad? Pues bien, no nos engañemos. Sobre todo a los pipiolines que hayamos nacido tras el 65 ó 70. Hubo una época en la que el comunismo arrasaba en el mundo y en la que parecía que parecía que se iba a merendar al capitalismo.

Una época en la que la Unión Soviética lideraba claramente la carrera especial, como emblema del desarrollo tecnológico y material. En la que EEUU tuvo que hacer un esfuerzo impresionante para conseguir llegar primero a la luna (y lo consiguió por los pelos). China y la Unión Soviética eran comunistas. En la que la India todavía estaba más cerca del comunismo que del capitalismo. En la que Japón era un bastión aislado rodeado de comunismo o de amenazas de capitalismo. En la que media Europa era comunista. En la que la Unión Soviética invertía cantidades ingentes de dinero en desarrollar regímenes comunistas en Africa. En la que, por lo que parece, Stalin tenía preparado un plan relámpago para conquistar Europa occidental justo antes de morir (menos mal que la diñó, en caso de ser así). En la que hubo 13 días que el mundo contuvo el aliento al ver la que se podía liar con la crisis de los misiles de Cuba (fue entonces cuando se creó la línea roja Moscú-Washington, para poder hablar las cosas directamente, en lugar de andarse con interpretaciones y valoraciones geopolíticas).

En fin, una época en la que yo, sinceramente, no habría tenido muy claro si apostar a que el futuro del mundo sería de libre mercado o de comunismo. Pero la Unión Soviética quedó exhausta; y Reagan le metió la puntilla con una guerra económica bastante bestia; y China ya comenzó a cambiar su modelo económico allá, por el 78.

Una suerte que el mundo no haya acabado siendo comunista, en mi opinión. Sobre todo, a la luz de las barbaries que se han cometido en esos regímenes.

Pero que nadie piense que esto es la demostración de que el capitalismo es el mejor sistema (como me harto de oír a mucha gente reaccionaria). No. Es, simplemente, un sistema que ha ganado a otro que era una chapuza. Pero no tiene ningún mérito.

Muy al contrario, hay que seguir pensando, y mucho, en cómo se puede mejorar el sistema económico en el que vivimos. Para que contribuya a lo que realmente tiene que contribuir un sistema: a hacer más felices (y no necesariamente más ricos) a la mayor cantidad posible de individuos de este planeta; a que vivan en paz; a que tengan las necesidades materiales satisfechas; y a elegir el modelo espiritual, ética o religión que, en conciencia, consideren más adecuado (sin machacar al de al lado, claro está).

Ejem... si echamos una revisión a estos requisitos, estaréis de acuerdo conmigo en que nuestro sistema de libre mercado actual está lejos de satisfacerlos. Así pues, dejémonos de complacencias y busquemos la forma de mejorarlo.

Por "San Yuri" (a modo de curiosidad, os diré que Yuri es Jorge, o al menos eso es lo que me dijo un ruso llamado Yuri al que conocí en Moscú).